Esto no es lo que ustedes piensan.
Tengo mucho respeto por las prostitutas,
Trabajadoras sexuales o como diablo quieran llamarlas.
No, nada de eso.
Estas son mis confesiones,
porque no obstante ser mi madre
una mujer extraordinariamente buena,
al grado sumo de la inocencia
que por estos tiempos llaman estupidez,
soy una suerte de criatura diabólica,
un ser hecho de profundas contradicciones,
todo temor y anhelo,
Hubo una época de mi vida en que creí
ciegamente en la poesía
como camino de redención,
ahora comprendo
que sólo es la manera inevitable
de arrastrar mi miseria por la tierra,
de cargar con la soledad
que poco a poco fui coleccionando,
porque todo lo pude ganar
y lo perdí todo como un mal jugador de pocker.
Ese fue uno de mis errores,
creer que era dueño del mundo.
Desde mi egoísmo
aun recuerdo los cadáveres
que dejé regados por el piso
como un genocida de los sentimientos.
Este es mi consuelo.
Poder mimarme a los ojos en el espejo
sin máscaras de ninguna especie y
poder decir he ahí el hijo de puta que eres.
Amar la humanidad al tanto que en mi voy destruyéndola.
Culpo a Dios por no evitar que en mis conductas hiciera el mal,
y culpo al Demonio por hacerme creer que era un Dios.
Pero la culpa finalmente es sólo mía.
Estoy dispuesto ha recibir en el rostro
los escupos del desprecio.
Pero cuidado,
esto no es un mea culpa ni una carta suicida,
que no me ha llegado la hora todavía.
Aborrezco a los falsos moralistas,
a los que pretenden superioridad moral para juzgar a los demás.
Sólo yo puedo juzgarme, pues sólo yo conozco mis andanzas.
Se que el hombre es una paradoja, una constante tentativa,
una escultura al fin caída y abatida a medio trabajo, o sea,
seguiré siendo un hijo de puta,
algo más consciente de mí mismo,
pero hijo de puta al fin y al cabo.
¿Pero cuantos hijos de puta andan por ahí, más perversos todavía?
Mal de muchos consuelo de tontos diría mi padre.
Pero al carajo con mi padre, estas son mis confesiones.
Confieso mi debilidad por las colegialas a pesar de mis treinta años, Confieso mi envidia por la adicción del poeta Julio a la coca-cola
Confieso mis ganas locas de ser un artista amariconado de alta alcurnia
Confieso mi gran sueño de pasear en bicicleta por las tardes
Confieso ser un pillo de siete suelas
Y ser un admirador secreto de los niños y los locos
Confieso que algo de orgullo me queda todavía,
y que no me sirve para nada.
En realidad confieso ser un monstruo soberbio
forjado en la tragedia imaginaria del existencialismo.
Mejor aun, confieso tener gran facilidad de palabra
para decir absolutamente nada.
Confieso que me va gustando esto de confesar
Aunque preferiría estar al otro lado del confesorio.
Confieso que me agradaría ser un cura en un convento de monjas
pues siempre he tenido algo de morboso y boyerista.
Confieso ser un irresponsable con la vida
Confieso que me agrada la cocaína y que quiero ser ministro
Confieso en buenas cuentas ser un hijo de puta de tomo a lomo
Pero que jamás sería empresario ni gerente de un banco.
Camilo Duarte.
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Comandante Casablanca
"Si avanzo, seguidme; si me detengo, empujadme; si retrocedo, matadme".